viernes, 28 de agosto de 2009

Un mundo de pequeños aconteceres




























Qué lástima, que teniendo tantas palabras,
que acumulando tantos versos,
queden olvidados en una libreta.

De qué sirve de palabras llenar ésta hoja
si nunca llegarán a tu boca,
ningún efecto le causan al papel
y cúanto pesar me causan a mí.

Ya te siento lejana pero cuán dentro,
que en palabras de Borges;
me dueles en todo el cuerpo.

Ya no puedo escribir más, o no debería,
que el calor de tí que no tuve en mi cama
me está quemando como una llama.

Eres el recuerdo más temprano
de un nuevo despertar de mi amor,
que ganando fuerza, va perdiendo verdor;
mi esperanza siempre fué vana.

Siento ahora un solapar de emociones
que conmueven un hondo manantial
de placeres olvidados.

Está lejana tu morada, mi voz
es un eco perdido que busca
tu mirada indefinidamente iluminada,
como un sol de medianoche.

Mi paciencia está extinguida,
mi serenidad acabada,
sólo queda en mí un humedal de sensaciones
por tus recuerdos embarradas.

Allá dónde estés llevarás mi llamada
a las puertas de tu desnudez inmadura,
caminarás sabiendo que fué un error
echarme tan pronto de la cama.

Tu fidelidad a lo conocido
fué un dar la espalda
a los misterios que te faltan por conocer.

Te acordarás de mí,
no sé por cuanto tiempo,
y quizá un día te des cuenta
que hay que ir a favor del viento,
que de nada sirve quedarse en la ventana,
que una media felicidad vale menos
que una eternidad de búsqueda solitaria.

Permíteme dedirte algo más;
vos te quedaste con la peor mano,
(lo sé porque dudaste en el descarte)
yo guardo dos ases en la manga.

¿Y qué hago ahora,
si no te tengo enfrente, ensimismada,
cómo hago brotar de tus labios una sonrisa,
de tus ojos, una mirada?

Adiós, aquí te dejo mi canto,
que no hay mal que no me deje entonarlo,
viviré cantando hasta que muera,
amaneceré trinando mientras pueda,
sobrevolar el mundo
cada mañana.



Para mi querida estúpida.

martes, 25 de agosto de 2009

Las casas de Pablo Neruda


Isla Negra



























La Sebastiana



















Valparaíso















Amo, Valparaíso cuanto encierras,
y cuanto irradias, novia del océano,
hasta más lejos de tu nimbo sordo.


Valpo es hermoso. Uno podría perderse para siempre por sus callejuelas, hay innumerables rincones dónde simplemente estar es un inmenso placer. Es fácil comprender por qué Neruda amaba ésta ciudad. Su casa, La Sebastiana, situada en uno de tantos cerros que dominan el mar, es un remanso de paz. No cuesta imagenárselo sentado en ese sofá negro, la nube, leyendo "el libro que siempre se toma en el crepúsculo", contamplando el puerto, tejiendo palabras.

Una chica canadiense me dijo que su casa de Isla Negra, la favorita de Neruda y donde está enterrado con su mujer, estaba solo a hora y media en bus. Allí he ido hoy, pero estaba cerrada, así que he tenido que conformarme con verla por fuera, pero ha merecido la pena porque está pegada al mar y he pasado un buen rato mateando (ya directamente me preguntan si soy argentino) y fotografiando por allí.

Mañana no se que voy a hacer, ni siquiera se si el paso de la cordillera sigue abierto, me gustaría ir a Viña del Mar y quizá desde allí volver a Santi-asco, ya veremos.

sábado, 22 de agosto de 2009

Mendoza




















Cinco días hemos esperado a que se abriera el paso a Chile, y es que había nieve, mucha nieve. En el portal del huesped de la señora Consuelo hemos estado; Matias, dos entrerrianas (madre e hija), una salteña y yo, también alguna porteña iba y venía. Básicamente lo único que hemos hecho ha sido caminar a la terminal de bus cada día y cocinar y beber cerveza y hablar y jugar al ajedrez, un par de veces hemos estado en algún parque de Mendoza. Y esperar, esperar... como en Casablanca.
Llegamos ayer a Santiago las entrerrianas, la salteña y yo. Nos separamos en la misma terminal y acabé en un hostel de H.I. que ha sido la peor elección que he hecho en todo el viaje. Ni siquiera abrí la mochila y ésta mañana salí echando ostias de allí, no sabía a donde ir y en mi cabeza sonaba el poema doce de Neruda. Valparaiso, está claro. Y aquí me hayo sin hayarme. He cuzado la ciudad, que es más grande de lo que imaginaba, buscando alojamiento. Al final, después de regatear un poco (ya no me corto un pelo) he encontrado un sitio. Cama de matrimonio, habitación individual, que ya tenía ganas, por 8000 pesos chilenos, que son unos 48 pesos argentinos, algo menos de 10€, más caro que Argentina. Me empiezo a volver loco con las monedas.
Chile y los chilenos son muy diferentes a Argentina y los argentinos, que no se moleste ningún chileno, pero ya estoy echando de menos Argentina. Mañana espero poder ver La sebastiana, la casa de uno de los personajes que más me influyeron cuando era adolescente, y por consiguiente toda mi vida. No puedo decidir si para bién o para mal.

martes, 18 de agosto de 2009

Más fotos recuperadas

Bajo Caracoles



Lago escondido, Bariloche




Nadine en el fín del mundo




Piedras




Con Chris en el Canal Beagle






Estrecho de Magallanes






Presidio de Ushuaia







Lago Fagnano, Ushuaia






Trineo de perros, Ushuaia






Paseo con raquetas de nieve, Ushuaia






Perito Moreno