

















Salta la linda. Siento una llamada como un recuerdo de este lugar; la arquitectura colonial de sus calles, sus plazas, la gente sencilla y alegre, la música folclórica... anoche bailé una chacarera, yo, que no bailo, que en mi vida he bailado una sevillana, no pude negarme dos veces a la preciosa morocha que quiso sacarme a bailar. Gracias a dios el único documento que lo atestigua se fué con dos señores a Paraná.
Tengo mucho peligro cuando llego a un sitio donde me siento como en casa, podría pasar muchos días aquí. Algunos amigos me esperan en la frontera para cruzar juntos a Bolivia, pero no puedo pasar por aquí sin detenerme, quizá los alcance más tarde.
Anoche, cuando volví de la Peña, estuve con Matías el tipo que cuida el hostel, y una amiga suya. Estuvimos bebiendo (más), fumando, hablando y tocando la guitarra. El tipo toca realmente bién. Celebramos el haber cruzado nuestros caminos; el saber que no estamos solos ni somos los únicos con un sentido de la vida diferente, que aunque la política nos afecte de maneras diversas en distintos países, la música es música en todas partes, y el amor, la amistad, y el sentido de libertad. Un chileno grafitero me decía cuánto se alegraba de que nos hubiéramos conocido, de saber que lo que el siente y expresa en las paredes también está en España, no solo en la pintura sino manifestado de diferentes formas, y ya no era chileno, ni yo español, éramos hermanos compartiendo una cerveza.

